¿Cómo acompañar a nuestros hijos para que tengan 
una vida saludable?

Desarrollar hábitos: un paso a la vez

La salud es un concepto integral que abarca todas nuestras dimensiones: biológica, social y cultural. No se trata solo de la ausencia de enfermedad, sino de un equilibrio entre distintos factores que influyen en nuestro bienestar. Nuestro estilo de vida y el ambiente en el que nos desenvolvemos impactan directamente en nuestra salud corporal, por lo que la incorporación de hábitos saludables es fundamental para mantenernos en equilibrio a lo largo del tiempo.

Sin embargo, generar estos hábitos no siempre es fácil. Al principio, puede representar un desafío, pero con el tiempo se convierte en un proceso natural que nos permite ahorrar energía y optimizar nuestra rutina diaria. La clave está en la constancia: pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una gran diferencia. Mantener una alimentación equilibrada, una higiene adecuada y un descanso reparador, así como regular el uso de pantallas en horarios nocturnos, contribuye significativamente a nuestra calidad de vida. No se trata de un esquema rígido e inflexible, sino de construir hábitos saludables que podamos sostener en el día a día.


El impacto del uso de pantallas en la salud


Cuando pensamos en hábitos saludables, solemos enfocarnos en la alimentación y la higiene, pero… ¿qué pasa con las pantallas? En la actualidad, el uso de dispositivos electrónicos es un factor clave en nuestra salud. Sobre este tema, la médica generalista Annelise Weiss advierte: "Siento que estamos en una pandemia de insomnio por el exceso de consumo de pantallas. Para un descanso bueno, profundo y restaurativo es necesario dejar a un lado las pantallas, sobre todo por las noches, y recuperar el biorritmo de nuestra naturaleza respetando los ciclos del sol”.

Este problema es especialmente relevante en la adolescencia, una etapa en la que el cuerpo y el cerebro experimentan profundos cambios hormonales. En el cerebro, los cambios se producen en mayor medida en el horario de descanso. Así, la exposición a pantallas antes de dormir interfiere en estos procesos, alterando el sueño y afectando el desarrollo.

Además, el uso excesivo de pantallas está relacionado con la producción de dopamina, un neurotransmisor que, en niveles elevados, puede generar un círculo de consumo compulsivo. Estudios recientes indican que la luz azul de los dispositivos provoca picos de dopamina que "atrapan" al usuario, dificultando la desconexión y aumentando la necesidad de seguir consumiendo contenido. Esta sobrecarga puede afectar la producción de serotonina, la llamada "hormona de la felicidad", lo que explica el incremento de trastornos del sueño y problemas de salud mental asociados al uso desmedido de la tecnología.


"Siento que estamos en una pandemia de insomnio por el exceso de consumo de pantallas. Para un descanso bueno, profundo y restaurativo es necesario dejar a un lado las pantallas, sobre todo por las noches, y recuperar el biorritmo de nuestra naturaleza respetando los ciclos del sol".


El cuidado de la intimidad y la formación de hábitos de autocuidado


Así como es importante establecer rutinas para la alimentación y el descanso, también lo es desarrollar hábitos relacionados con el cuidado de la intimidad. Desde la primera infancia, fomentar el autocuidado en niños, y luego en adolescentes, permite desarrollar mayor autonomía y protección. Hábitos como cerrar la puerta del baño, bañarse solos y dormir en su propia cama no solo refuerzan la independencia, sino que también tienen una estrecha relación con la prevención de abusos.

En este sentido, el proyecto Desafíos propone la sigla NAC (decir “No”, Alejarse y Contar), que enseña a los niños a decir "no" ante situaciones incómodas, alejarse de ellas y contarle a un adulto de confianza. Convertir esta estrategia en un hábito puede ser una herramienta clave para el autocuidado y la prevención.


¿Cómo llevar estas enseñanzas a los adolescentes y niños?


La educación en el cuidado del cuerpo comienza con el conocimiento. En muchos casos, los estudiantes desconocen gran parte del funcionamiento del organismo. Asombrarse, abrir el diálogo a partir de casos de la vida cotidiana, de frases y elementos contextuales con los que se sientan identificados son solo algunas estrategias que podemos utilizar.

Desde la infancia, la repetición y la rutina juegan un papel clave en la formación de hábitos. En Desafíos 2, por ejemplo, se proponen ejercicios en los que los estudiantes repiten una serie de dibujos para mejorar su técnica. A partir de esta dinámica, se ejemplifica gráficamente cómo mediante la repetición podemos mejorar en algún aspecto. Si al repetir un trazo logramos dibujar mejor, ¿cómo mejorará nuestro sistema si tenemos hábitos y acciones repetidas saludables cada día?

Entre los apoyos a la vida saludable, uno importante son los referentes. En este sentido,  cabe destacar el rol de padres, madres y docentes como ejemplos en la enseñanza de hábitos saludables. ¡Aprovechemos la oportunidad que tenemos para educar y ayudar al bienestar de nuestros hijos y estudiantes!


El camino hacia una vida saludable


Construir hábitos saludables no es un proceso inmediato, sino una tarea diaria que requiere paciencia y constancia. Desde la alimentación hasta el descanso, pasando por el uso responsable de la tecnología y el cuidado de la intimidad, cada pequeño hábito contribuye a nuestro bienestar a lo largo de la vida.

Para educar en estos aspectos es beneficioso una actitud propositiva: promover desde el hogar y desde la escuela el orden en los tiempos, en la alimentación y en el sueño, trabajar articuladamente para generar entornos saludables y facilitar la adquisición de hábitos que desemboquen en el bienestar general.


*Texto elaborado a partir de la conversación entre Annelise Weiss, Natalia Bísaro y Clara Scarafía